¡Es increíble!
Hace más de dos décadas que conocí a la mujer que me dejó "una huella imborrable en el corazón" (sí ya sé que es cursi, pero así es).
Iba yo entonces a la H. Facultad de Filosofía y Letras a estudiar "Teatro" háganme el refabrón cabor, por influencias de mi pasado bachilleril, en el que salí de payaso en una obra y por eso me sentí actor, pero no sabía en que me metía, el mundo del teatro en México es de una exquisitez, inteligencia, pasión, sabiduría e intelectualidá, que la mera verdad, no sabía no qué onda ahí. Me tocaron Maestros increíbles, pero de ellos hablaré en otra ocasión.
Ahí en el primer año de la carrera conocí a la chica en cuestión "Magos", Margarita Magriñá Ocampo, era una belleza de 23 años, de pelo quebrado castaño, ojos aceitunados, piel blanca, boca sexy y unas caderas por las que se podía destruir al mundo, un auténtico forro. Con esa chica de mi mano, sentí que el Universo era poco, puesto que provocaba la envidia de machos, locas y lesbianas, todos querían con ella.
Por un año fui el ser más feliz de la tierra, y pensé que nuestro destino era vivir juntos, me imaginé que tendríamos unas hijas tan hermosas como ella, en una departamento soleado lleno de libros y juguetes... Pero no fue así, ambos cometimos errores, yo en mi soberbia la quise cambiar por una guera de ojo verde que me mandó a la gaver a las primeras de cambio, lo que provocó que su amor por mí se resquebrajara y aunque le pedí perdón de rodillas, la relación, a partir de ese día se fue yendo al averno minuto a minuto...
Todavía hoy me duele pensar en aquellos momentos en que me dijo que ya no quería seguir porque yo "no la llenaba". Y hasta hoy que escribo esto me doy cuenta que mi mente borró los detalles... Lo que siguió a continuación es que me derrumbé, y mi personalidad depresiva y adictiva surgió imparable, alcohol y lágrimas a raudales, alguna estuve a punto de morir de una congestión alcoholica, mientras me arrastraba a su pies llorando ¡qué escena tan deprimente!
Reconozco que la perseguí y alguna vez, cegado por los celos y el dolor, le lancé un golpe, yo quería darle una bofetada, pero le lastimé la nariz.
Ella por su parte, me llevó a un tipo a un ensayo, y hasta hoy lamento no haberle partido la madre al pendejo aquel.
Sólo una vez platiqué con ella después de aquellos numeritos, y le dije, emocionado, que ella era el amor de mi vida y que lo pensara, pero sólo bajó la cabeza y me dijo que no, con la mirada perdida en el universo.
Me levanté y me fui llorando de nuevo.
La última vez que la ví, ya no me pareció tan guapa, además iba vestida con la misma ropa que en 1985.
Me tardé casi cinco años en curarme y volver a encontrar otro amor, puesto que nadie se acercaba a mi porque apestaba a celos, coraje, dolor y cerveza.
Jamás la volví a ver, he intentado saber de ella en Google, Yahoo, Simploos, y otros buscadores, pero siempre devuelven lo mismo: Lo sentimos, no encontramos entradas que coincidan... Supe que quiso estudiar Pantomima y estuvo en la ENAP, pero me imagino que nunca terminó nada.
En cambio sí encontré a sus hermanos, pero ella desapareció.
No dudo que se haya casado con algún mequetrefe con suerte y ahora tiene los hijos que jamás tuve.
No me gustaría verla de nuevo, debe estar igual de arrugada, gorda y chimuela que yo.
Aunque siempre la he recordado, en esas noches de cerveza en que nos duele el amor y los cuates la evocan con cariño.
Hace 22 años.
lunes 18 de agosto de 2008
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