Cine, literatura, pedazos de vida... todo narrado desde las calles de la ciudad más peligrosa del mundo
lunes, 25 de junio de 2012
Los vientos que devoran hombres
Recuperando el blog, el siguiente texto me lo inspiró una melodía de Elend.
Los vientos que devoran a los hombres
Una nube roja se levantó de Kadath, los lobos, las hienas, los dientes de sable huyeron con el terror en los ojos, sin volver atrás. No querían enfrentarlo, de nada les servirían colmillos y garras ante los dioses olvidados que quiebran árboles y envenenan el agua.
Sólo una vez, la tribu de los hombres decidió quedarse, mísera soberbia. Los más valientes subieron a las colinas a enfrentarlos. Los vientos que devoran hombres llegaron lentamente, y lo que allí venía destruyó para siempre el alma de cada guerrero, mujer y niño.
No se guardaron crónicas, nadie volvió a esos lugares, en los que deambulaban las sombras de los que esperaron al viento que devora a los hombres.
No han soplado de nuevo, pero, a diferencia del hombre, su tiempo no tiene prisa, un día volverán, entonces ya no quedará nada, sólo el rumor terrible de los vientos que devoran hombres.
viernes, 18 de marzo de 2011
Anécdotas de vinata
¿Quién no tiene una? No se hagan, a menos que sean unos hombres y mujeres envueltos en santidad, todos hemos ido alguna vez, quizá acompañando amigos, o en las brumas del alcohol, no tiene que ser forzosamente en la madrugada, pero curiosamente a esas horas sin sentido suceden las cosas más curiosas, o raras, o lamentables también.
Yo he ido muchas veces, a muchas horas, pero de todas ellas recuerdo cuatro que nunca he olvidado y que son:
1. La primera vez nunca se olvida
Iba yo en Bachilleres, y aquella tarde mis cuates el Juanito, el Greñas y yo, decidimos que la “tarde estaba chelera” así que de inmediato empezamos nuestra primera coperacha con todos los de confianza, les caímos bien, y los amigos fueron generosos, así que en una hora ya habíamos juntado para tres caguis, es decir 9 pesos de aquellos.
Entré con respeto a la vinata, admirando la selección de artículos, y pomos que ahí se vendían, el chinche dependiente, poderoso desde su puesto y dándose cuenta de mi inocencia y temor, me estuvo cotorreando, ya ni me acuerdo qué me dijo, pero estaba muerto de la risa, aunque al final me vendió las chelas, 3 frías y sabrosas caguamas Corona, de aquellas de 900ml.
¡Que felicidad! Pero no duraría, sólo di unos pasos fuera de la vinata y la maldita bolsa se desfondó, aterrado, escuché dos explosiones y un fuerte aroma a cebada, además de las carcajadas de los transeúntes que sin duda se burlaban de mi carita de dolor al ver escurrir por la calle lo que tanto trabajo había costado. El Greñas y el Juanito, no sabían si morirse de risa o mentármela por haber cometido tan grande falta. Al final nos tuvimos que repartir entre tres la que sobrevivió, entre zapes de los cuadernos.
Nunca me volvió a pasar.
2. Pásenle carnales pásenle
En esos tiempos, muchos después de la primera anécdota, yo le hacía al teatro y al performancero, así que siempre andaba cargando utilería variada; que una sotana, que un liguero con medias, que una máscara de la Commedia del Arte, que una .45 de mentiras… Y dio el caso que con mi carnal el Mai Agustín, nos comisionaron para ir a recargar las bebidas de la fiesta. Así que fuimos felices de la vida a cumplir la encomienda en el vochito café del Mai. Era por allá, por los rumbos de la colonia Marte, y llegando a la vinata… una cola enorme de chamacos ebrios.
-¿Qué hacemos?, nos vamos a tardar una hora en salir- Me dijo el Mai.
-Tranquilo, tú sígueme la onda y verás- le contesté con un plan en la cabeza.
Así que nos bajamos con nuestras botellas y la lista de chupe y nos formamos unos minutos… Y entonces yo comencé a actuar como uno de esos ebrios patanes y peligrosos, “Qué me ven cooleros y qué quien sabe qué” y el Mai dando disculpas de que yo andaba empastillado, pero que no había peligro… Y qué voy sacando el cuete (la .45) de utilería, ja, ja, ja, y el Mai en su papel “¡No carnal, tranquilo, no, no son tus enemigos, no vayas a echar bala…” Y ¡milagro!, la cola se abrió en dos, mientras amables, todos solicitaban que nos atendieran primero, je, je, je. Tuvimos suerte, no hay duda, ¿qué tal que si entre todos nos echan bronca? Lo bueno es que tuvimos éxito y repetimos lo mismo en la fiesta con los gandallitas, estuvo cotorra la noche.
3. Conozca a sus capos
Esto no tiene mucho, acaso unos meses. Esa madrugada, mi Compa Torres, la Coma Anita y yo, ya habíamos acabado con la provisión de caguamas, así que decidimos ir a los vinos y licores de Alta Tensión, legendaria vinata que abre día y noche a pesar de las estúpidas leyes del ratero-delegado del Santillán. Eran como las 3 de la mañana, tomamos un taxi y pactamos un precio por ida y vuelta y nos fuimos, en realidad no está lejos de mi cuchitril.
Pero a una cuadra de llegar, el taxista frenó en seco y dijo:
-No me acerco más, ahí están los jefes.
¿Ay guey, pos qué jefes? Pensé. Pero en la plena buena onda gracias a la chela, el Compa y yo nos bajamos del taxi sin miedo, quizá se refería a una banda, o un gañán, pero ¡Qué nos duraban! Pero empezamos a ver una fila de camionetas de lujo, sin placas, y unos gueyis con radio junto a ellas.
Me imaginé de inmediato que nos enfrentaríamos a unos viejos panzones, malosos, con la Desert Eagle en la panza, ¡ahí estaban los capos del barrio!, pensé que nos harían pasar un mal rato. Pero ni modo de dar la vuelta, pos ya ni modo, le dije al Compa…
Contrario a todo lo imaginable, en la vinata había cuatro amables jóvenes, tomando refresco, que nos saludaron con familiaridad y hasta apuraron al dependiente para que nos atendiera ¡Increíble! Aunque la mirada de malditos no la podían esconder. Mi Compa y yo nunca dejamos ver el miedo, así que en cuanto nos dieron las chelas, salimos, dando las buenas noches por supuesto. Y llegamos exultantes a la casa a contarle aquel suceso a Anita.
Desde entonces ya no he salido de madrugada, prefiero aprovisionarme desde temprano.
4. Las noches del “No hay”
Cuando era adolescente, había a unos cuantos pasos de mi casa, una vinata atendida por un guey que era idéntico al “No hay”, quizá ustedes recuerden al personaje de Héctor Suárez, pienso que hasta se inspiró en él, con su overol, su gorrita y sus greñas. Ahí yo no compraba, porque vendían pura marranilla y pomos baratos. Aunque la razón de que lo incluya es que siempre amanecían botellas rotas y cachos de ladrillo y piedras en la banqueta. Y todos los fines de semana, además, un charco de sangre mezclado con alcohol barato.
Eso se repitió por meses, por un par de años, hasta que un día no sólo amaneció un charco, sino que la sangre hacía un río por la avenida y junto con las piedras y los vidrios, estaban los casquillos de alguna arma que había balaceado la cortina y a los de adentro.
Ahora es un negocio de sonido para autos.
Y esas son las anécdotas de vinata, y seguro ustedes tienen la suya.
Yo he ido muchas veces, a muchas horas, pero de todas ellas recuerdo cuatro que nunca he olvidado y que son:
1. La primera vez nunca se olvida
Iba yo en Bachilleres, y aquella tarde mis cuates el Juanito, el Greñas y yo, decidimos que la “tarde estaba chelera” así que de inmediato empezamos nuestra primera coperacha con todos los de confianza, les caímos bien, y los amigos fueron generosos, así que en una hora ya habíamos juntado para tres caguis, es decir 9 pesos de aquellos.
Entré con respeto a la vinata, admirando la selección de artículos, y pomos que ahí se vendían, el chinche dependiente, poderoso desde su puesto y dándose cuenta de mi inocencia y temor, me estuvo cotorreando, ya ni me acuerdo qué me dijo, pero estaba muerto de la risa, aunque al final me vendió las chelas, 3 frías y sabrosas caguamas Corona, de aquellas de 900ml.
¡Que felicidad! Pero no duraría, sólo di unos pasos fuera de la vinata y la maldita bolsa se desfondó, aterrado, escuché dos explosiones y un fuerte aroma a cebada, además de las carcajadas de los transeúntes que sin duda se burlaban de mi carita de dolor al ver escurrir por la calle lo que tanto trabajo había costado. El Greñas y el Juanito, no sabían si morirse de risa o mentármela por haber cometido tan grande falta. Al final nos tuvimos que repartir entre tres la que sobrevivió, entre zapes de los cuadernos.
Nunca me volvió a pasar.
2. Pásenle carnales pásenle
En esos tiempos, muchos después de la primera anécdota, yo le hacía al teatro y al performancero, así que siempre andaba cargando utilería variada; que una sotana, que un liguero con medias, que una máscara de la Commedia del Arte, que una .45 de mentiras… Y dio el caso que con mi carnal el Mai Agustín, nos comisionaron para ir a recargar las bebidas de la fiesta. Así que fuimos felices de la vida a cumplir la encomienda en el vochito café del Mai. Era por allá, por los rumbos de la colonia Marte, y llegando a la vinata… una cola enorme de chamacos ebrios.
-¿Qué hacemos?, nos vamos a tardar una hora en salir- Me dijo el Mai.
-Tranquilo, tú sígueme la onda y verás- le contesté con un plan en la cabeza.
Así que nos bajamos con nuestras botellas y la lista de chupe y nos formamos unos minutos… Y entonces yo comencé a actuar como uno de esos ebrios patanes y peligrosos, “Qué me ven cooleros y qué quien sabe qué” y el Mai dando disculpas de que yo andaba empastillado, pero que no había peligro… Y qué voy sacando el cuete (la .45) de utilería, ja, ja, ja, y el Mai en su papel “¡No carnal, tranquilo, no, no son tus enemigos, no vayas a echar bala…” Y ¡milagro!, la cola se abrió en dos, mientras amables, todos solicitaban que nos atendieran primero, je, je, je. Tuvimos suerte, no hay duda, ¿qué tal que si entre todos nos echan bronca? Lo bueno es que tuvimos éxito y repetimos lo mismo en la fiesta con los gandallitas, estuvo cotorra la noche.
3. Conozca a sus capos
Esto no tiene mucho, acaso unos meses. Esa madrugada, mi Compa Torres, la Coma Anita y yo, ya habíamos acabado con la provisión de caguamas, así que decidimos ir a los vinos y licores de Alta Tensión, legendaria vinata que abre día y noche a pesar de las estúpidas leyes del ratero-delegado del Santillán. Eran como las 3 de la mañana, tomamos un taxi y pactamos un precio por ida y vuelta y nos fuimos, en realidad no está lejos de mi cuchitril.
Pero a una cuadra de llegar, el taxista frenó en seco y dijo:
-No me acerco más, ahí están los jefes.
¿Ay guey, pos qué jefes? Pensé. Pero en la plena buena onda gracias a la chela, el Compa y yo nos bajamos del taxi sin miedo, quizá se refería a una banda, o un gañán, pero ¡Qué nos duraban! Pero empezamos a ver una fila de camionetas de lujo, sin placas, y unos gueyis con radio junto a ellas.
Me imaginé de inmediato que nos enfrentaríamos a unos viejos panzones, malosos, con la Desert Eagle en la panza, ¡ahí estaban los capos del barrio!, pensé que nos harían pasar un mal rato. Pero ni modo de dar la vuelta, pos ya ni modo, le dije al Compa…
Contrario a todo lo imaginable, en la vinata había cuatro amables jóvenes, tomando refresco, que nos saludaron con familiaridad y hasta apuraron al dependiente para que nos atendiera ¡Increíble! Aunque la mirada de malditos no la podían esconder. Mi Compa y yo nunca dejamos ver el miedo, así que en cuanto nos dieron las chelas, salimos, dando las buenas noches por supuesto. Y llegamos exultantes a la casa a contarle aquel suceso a Anita.
Desde entonces ya no he salido de madrugada, prefiero aprovisionarme desde temprano.
4. Las noches del “No hay”
Cuando era adolescente, había a unos cuantos pasos de mi casa, una vinata atendida por un guey que era idéntico al “No hay”, quizá ustedes recuerden al personaje de Héctor Suárez, pienso que hasta se inspiró en él, con su overol, su gorrita y sus greñas. Ahí yo no compraba, porque vendían pura marranilla y pomos baratos. Aunque la razón de que lo incluya es que siempre amanecían botellas rotas y cachos de ladrillo y piedras en la banqueta. Y todos los fines de semana, además, un charco de sangre mezclado con alcohol barato.
Eso se repitió por meses, por un par de años, hasta que un día no sólo amaneció un charco, sino que la sangre hacía un río por la avenida y junto con las piedras y los vidrios, estaban los casquillos de alguna arma que había balaceado la cortina y a los de adentro.
Ahora es un negocio de sonido para autos.
Y esas son las anécdotas de vinata, y seguro ustedes tienen la suya.
jueves, 24 de febrero de 2011
No hay nombre para eso
Yo pensaba que mañana, una fecha tan especial para mí, sería una especie de día “feliz”, pero no es así. Acabo de leer en el portal de Yahoo algo tan espantoso, tan inhumano, tan asqueroso, que me ha hecho caer el alma a los pies. Es cierto que cuando se pierde el control y ya no hay justicia, ni moral ni nada… sólo ansia de poder o el deseo de permanecer en él, y además se cuenta con armas, entonces los únicos que reinan son la violencia o la anarquía. Y el que tiene el monopolio de las armas goza un poder enfermizo que le permite ensañarse contra la población civil.
Así ha sido desde los babilonios… pero a mí me duele lo que me tocó conocer o saber, entre ellas las que nunca he olvidado son cuando los militares centroamericanos abrían los vientres de las embarazados con las bayonetas, o los niños obligados a prostituirse y usados para la pornografía infantil en todo el mundo, o las mutilaciones a machetazos de las guerras tribales en África, o las estúpidas mutilaciones rituales de genitales femeninos, o las mutilaciones y la desfiguración a mujeres en nombres de una “ley” tan absurda como el que la dicta y la ejecuta.
Todo ello habla de personalidades desviadas, de seres enfermos al límite, más de hienas rabiosas que humanos.
Cada una de esas atrocidades me han ensombrecido el corazón, pero esto último me aterroriza porque sucede en mi país, porque habla de cómo los cárteles de la droga son seres desalmados y que si el país cae en manos de ellos, más nos vale buscar el agujero más profundo y no salir ya de él: extorsiones de todos niveles, desde empresarios a la más humilde miscelánea, amenazas, secuestros… y lo que me provoca un nudo en la garganta de terror... Como siempre los civiles, los desarmados, los inocentes, son los que pagan...
“En Río Grande, un hombre que no pudo pagar un secuestro, fue obligado a mirar como un sicario descuartizaba a su hija de ocho años…”
Así ha sido desde los babilonios… pero a mí me duele lo que me tocó conocer o saber, entre ellas las que nunca he olvidado son cuando los militares centroamericanos abrían los vientres de las embarazados con las bayonetas, o los niños obligados a prostituirse y usados para la pornografía infantil en todo el mundo, o las mutilaciones a machetazos de las guerras tribales en África, o las estúpidas mutilaciones rituales de genitales femeninos, o las mutilaciones y la desfiguración a mujeres en nombres de una “ley” tan absurda como el que la dicta y la ejecuta.
Todo ello habla de personalidades desviadas, de seres enfermos al límite, más de hienas rabiosas que humanos.
Cada una de esas atrocidades me han ensombrecido el corazón, pero esto último me aterroriza porque sucede en mi país, porque habla de cómo los cárteles de la droga son seres desalmados y que si el país cae en manos de ellos, más nos vale buscar el agujero más profundo y no salir ya de él: extorsiones de todos niveles, desde empresarios a la más humilde miscelánea, amenazas, secuestros… y lo que me provoca un nudo en la garganta de terror... Como siempre los civiles, los desarmados, los inocentes, son los que pagan...
“En Río Grande, un hombre que no pudo pagar un secuestro, fue obligado a mirar como un sicario descuartizaba a su hija de ocho años…”
martes, 8 de febrero de 2011
Ayer me curé...
Ni siquiera estaba el día esplendoroso y extraordinario
al contrario, las azoteas estaban más sucias que nunca
mi favela más barrio que nunca.
Pero yo era diferente, desde aquellas palabras "Ya no voy a venir" me había sentido mal añorando, pensando, recordando tus caderas...
Casi tres años de obscuridad y de espera.
¿Cuántos modelos se quedaron sin armar? ¿Cuántas figuras sin pintar? ¿Cuantas historias sin contar?
Ayer me curé de ti...
Ni siquiera estaba el día esplendoroso y extraordinario
al contrario, las azoteas estaban más sucias que nunca
mi favela más barrio que nunca.
Pero yo era diferente, desde aquellas palabras "Ya no voy a venir" me había sentido mal añorando, pensando, recordando tus caderas...
Casi tres años de obscuridad y de espera.
¿Cuántos modelos se quedaron sin armar? ¿Cuántas figuras sin pintar? ¿Cuantas historias sin contar?
Ayer me curé de ti...
miércoles, 19 de enero de 2011
Uno de duendes
A mi padre, Federico Alba, y su amorosa memoria
Hola ¡Feliz 2011! Hace tiempo que no andaba por acá, desde que me hice fanático de Tuiter, es muy bueno, pero allá no se pueden poner textos largos, como el que acá pondré para estrenar año.
Este relato lo escuché de niño, de labios de su protagonista, un amigo de Don Federiquito Alba que le decían “El marris”, quizá por cachetón y fornido, o porque hablaba muy fuerte. El amigo en cuestión tenía un camioncito y se dedicaba al transporte de plantas de ornato, sencillas o exóticas, entrar a la parte trasera de su camión era como entrar a la selva, además traía en la guantera una .45 para que lo librara de todo mal, fue la primera vez que toqué un arma.
Además presumía de conocer casi todo el país por carretera, lo que en aquellos años era una hazaña.
Así que una vez que mi papá le invitó un café en la casa nos contó la siguiente historia, que nunca olvidé, y que ahora transcribo para ustedes.
“Andaba yo por Oaxaca, por Veracruz, en esa zona inexplorada que se llama “Los Chimalapas” (en 1969 era como el Amazonas) y no me acuerdo a dónde quería llegar rápido, así que agarré un atajo, que según yo me ahorraría medio día, pero aquel camino con el tiempo se convirtió en una simple zanja llena de lodo por la que era difícil avanzar. Ya de tarde llegué a un pueblito y me dijeron que todavía me tardaría como 4 horas en atravesar la selva, pero que mejor no lo hiciera, porque allí vivían a quienes no les gustaban los extraños y sus camiones que sólo iban a robarse la selva y que ellos salían de noche y más me valía no conocerlos.
No me reí, por respeto a sus creencias, pero les dije que no se preocuparan, que a mí no me espantaba nada (y traía la .45 lista) Además ¿Qué podía ser? Ni modo que caníbales y si se trataba de jaguares, o víboras u otras cosas, pues bastaba con cerrar el camión y a ver cómo abrían los méndigos. Me invitaron a cenar, y me volvieron a rogar que no me fuera, que ya era de noche, que caería neblina y podía voltearme. Pero de nuevo les agradecí sus atenciones y me subí al camión.
¡Y qué noche! Al principio estaba llena de estrellas, pero al pasar el tiempo fue cayendo la niebla, al grado de que después de una hora consideré que no podía seguir adelante, sin peligro de sufrir algún accidente. Salí del camión y escuché la selva viva, como sólo los que la han escuchado saben a qué me refiero, oriné al lado del camión y me dispuse a dormir. No prendí las luces porque por aquel camino yo sabía que nadie se atrevería a esas horas. Sólo dejé una diminuta rendija para que no entraran alimañas, corté cartucho y me acomodé en el asiento para dormir…
Desperté en la madrugada, porque escuché ruidos, no eran gruñidos, ni golpes de algo pesado, sino como niños, que corrían por la lona y el techo de la cabina, ¿pero niños ahí y a esa hora? A lo mejor soñaba, y decidí no investigar, pero comenzaron a tocar las puertas y a decir algo que no entendía, mientras seguían las risas, cosa rara, la selva estaba terriblemente callada, ni los sapos se escuchaban, y me dio miedo, se me erizó el cabello y me quedé paralizado, escuchando aquel alboroto, pensando que tenía una pesadilla y viendo las estrellas a través del parabrisas y bañado en sudor por el miedo y el calor. Nunca quise asomarme a averiguar que hacía aquellos ruidos…
Hasta que ahí, subido en el parabrisas lo vi, un hombre diminuto, que se reía y algo me decía mientras me hacía señas con las manos de que me acercara, vestido así como pintan a los mayas… ¡No señor Federico, yo creo que hasta me ganó! Me aterroricé, no me acordé de la pistola ni de nada, ni gritar podía, cerré los ojos y me voltíe contra el asiento y me puse a rezar de que no se metieran al camión.
Con el tiempo las risas y el ruido se acabaron. Cuando salió el sol, junté valor para salir y vi las huellitas que habían quedado por todos lados. Me subí al camión y me regresé, no quería que me volviera a agarrar la noche ahí.
Y los señores del pueblo cuando me vieron todo desencajado, se rieron: “Ya ve, le dijimos que a los chaneques les gusta espantar a los que no son de acá, se lo dijimos. No se preocupe, no le hubieran hecho nada, a menos que usted los lastime, pero eso sí, que sustos pegan. Se me hace que no le hicieron porque vieron que usted no se robaba nada de la selva. Véngase a echar un trago pal susto”.
Y sí señor Federico, me tomé el trago y regresé a Veracruz y prometí que nunca volvería por esos lugares, de veras señor Federico, yo vi y escuché a los chaneques, no digo mentiras, y la verdad no quiero volver a verlos”.
Aquella narración me aterrorizó durante mi infancia. Siempre creí en él, al pasar los años elaboré la teoría de que los chaneques se regresaron a las cuevas, porque los blancos les destruyeron sus selvas y sus tesoros, los cocodrilos, los jaguares, las anacondas, y no podían contra las armas y la maldad del hombre. Alguna vez visité la selva con una ecóloga que… (eso es otra historia), y tenía la esperanza de escuchar aquellas voces, pero no vi ni escuché nada.
Nunca volví a ver al “Marris”.
Hola ¡Feliz 2011! Hace tiempo que no andaba por acá, desde que me hice fanático de Tuiter, es muy bueno, pero allá no se pueden poner textos largos, como el que acá pondré para estrenar año.
Este relato lo escuché de niño, de labios de su protagonista, un amigo de Don Federiquito Alba que le decían “El marris”, quizá por cachetón y fornido, o porque hablaba muy fuerte. El amigo en cuestión tenía un camioncito y se dedicaba al transporte de plantas de ornato, sencillas o exóticas, entrar a la parte trasera de su camión era como entrar a la selva, además traía en la guantera una .45 para que lo librara de todo mal, fue la primera vez que toqué un arma.
Además presumía de conocer casi todo el país por carretera, lo que en aquellos años era una hazaña.
Así que una vez que mi papá le invitó un café en la casa nos contó la siguiente historia, que nunca olvidé, y que ahora transcribo para ustedes.
“Andaba yo por Oaxaca, por Veracruz, en esa zona inexplorada que se llama “Los Chimalapas” (en 1969 era como el Amazonas) y no me acuerdo a dónde quería llegar rápido, así que agarré un atajo, que según yo me ahorraría medio día, pero aquel camino con el tiempo se convirtió en una simple zanja llena de lodo por la que era difícil avanzar. Ya de tarde llegué a un pueblito y me dijeron que todavía me tardaría como 4 horas en atravesar la selva, pero que mejor no lo hiciera, porque allí vivían a quienes no les gustaban los extraños y sus camiones que sólo iban a robarse la selva y que ellos salían de noche y más me valía no conocerlos.
No me reí, por respeto a sus creencias, pero les dije que no se preocuparan, que a mí no me espantaba nada (y traía la .45 lista) Además ¿Qué podía ser? Ni modo que caníbales y si se trataba de jaguares, o víboras u otras cosas, pues bastaba con cerrar el camión y a ver cómo abrían los méndigos. Me invitaron a cenar, y me volvieron a rogar que no me fuera, que ya era de noche, que caería neblina y podía voltearme. Pero de nuevo les agradecí sus atenciones y me subí al camión.
¡Y qué noche! Al principio estaba llena de estrellas, pero al pasar el tiempo fue cayendo la niebla, al grado de que después de una hora consideré que no podía seguir adelante, sin peligro de sufrir algún accidente. Salí del camión y escuché la selva viva, como sólo los que la han escuchado saben a qué me refiero, oriné al lado del camión y me dispuse a dormir. No prendí las luces porque por aquel camino yo sabía que nadie se atrevería a esas horas. Sólo dejé una diminuta rendija para que no entraran alimañas, corté cartucho y me acomodé en el asiento para dormir…
Desperté en la madrugada, porque escuché ruidos, no eran gruñidos, ni golpes de algo pesado, sino como niños, que corrían por la lona y el techo de la cabina, ¿pero niños ahí y a esa hora? A lo mejor soñaba, y decidí no investigar, pero comenzaron a tocar las puertas y a decir algo que no entendía, mientras seguían las risas, cosa rara, la selva estaba terriblemente callada, ni los sapos se escuchaban, y me dio miedo, se me erizó el cabello y me quedé paralizado, escuchando aquel alboroto, pensando que tenía una pesadilla y viendo las estrellas a través del parabrisas y bañado en sudor por el miedo y el calor. Nunca quise asomarme a averiguar que hacía aquellos ruidos…
Hasta que ahí, subido en el parabrisas lo vi, un hombre diminuto, que se reía y algo me decía mientras me hacía señas con las manos de que me acercara, vestido así como pintan a los mayas… ¡No señor Federico, yo creo que hasta me ganó! Me aterroricé, no me acordé de la pistola ni de nada, ni gritar podía, cerré los ojos y me voltíe contra el asiento y me puse a rezar de que no se metieran al camión.
Con el tiempo las risas y el ruido se acabaron. Cuando salió el sol, junté valor para salir y vi las huellitas que habían quedado por todos lados. Me subí al camión y me regresé, no quería que me volviera a agarrar la noche ahí.
Y los señores del pueblo cuando me vieron todo desencajado, se rieron: “Ya ve, le dijimos que a los chaneques les gusta espantar a los que no son de acá, se lo dijimos. No se preocupe, no le hubieran hecho nada, a menos que usted los lastime, pero eso sí, que sustos pegan. Se me hace que no le hicieron porque vieron que usted no se robaba nada de la selva. Véngase a echar un trago pal susto”.
Y sí señor Federico, me tomé el trago y regresé a Veracruz y prometí que nunca volvería por esos lugares, de veras señor Federico, yo vi y escuché a los chaneques, no digo mentiras, y la verdad no quiero volver a verlos”.
Aquella narración me aterrorizó durante mi infancia. Siempre creí en él, al pasar los años elaboré la teoría de que los chaneques se regresaron a las cuevas, porque los blancos les destruyeron sus selvas y sus tesoros, los cocodrilos, los jaguares, las anacondas, y no podían contra las armas y la maldad del hombre. Alguna vez visité la selva con una ecóloga que… (eso es otra historia), y tenía la esperanza de escuchar aquellas voces, pero no vi ni escuché nada.
Nunca volví a ver al “Marris”.
viernes, 28 de mayo de 2010
Tengan miedo... mucho miedo
Pronto:
Mis top list de todo; libros, pelis, música, mujeres, seres maravillosos, desgraciados que nunca olvidaré, paseos, comida, fiestas, en fin...
Quizá tú seas uno de estos personajes.
Ya era tiempo ¿O no?
Mis top list de todo; libros, pelis, música, mujeres, seres maravillosos, desgraciados que nunca olvidaré, paseos, comida, fiestas, en fin...
Quizá tú seas uno de estos personajes.
Ya era tiempo ¿O no?
miércoles, 26 de mayo de 2010
Excursión a Los Dínamos
No recuerdo bien, debe haber sucedido a fines de los 60 o principios de los 70. Entonces llegar a esa zona no era tan fácil.
Nos levántabamos como a las 8, mi mamá nos daba un vaso de leche, un pan y su bendición, y salíamos rumbo a Tacubaya, de ahí salía un camioncito que llegaba al zócalo de la Magdalena Contreras, que entonces lucía como un pueblo lejano e idílico, para entonces ya eran las 11 de la mañana. Ahí debía esperar uno el otro camión que salía a los Dínamos, que lo hacía cada media hora, y los domingos estaba lleno de gente, así que cuando salía, los paseantes, jóvenes casi todos, se lanzaban como estampida para alcanzar lugar, sin importarles los dos chamacos y su papá que también querían subirse. No sé cómo, pero siempre lográbamos subir, aunque jamás alcánzabamos asiento. Y luego venía el lento, bello y espectacular ascenso por aquellos enormes bosques y barrancas, siempre me horrorizó la idea de que al camión le fallaran los frenos y fuéramos a dar al fondo de aquellos insondables barrancos.
Cuando por fin llegábamos al primer Dínamo, entonces era hora de alcanzar la cima, y ni tardo ni perezoso, mi papá emprendía la subida a paso veloz, mientras yo y el Tomis, ibámos atrás de él sacando la lengua y pregúntandonos por qué caminaba tan rápido. Después de una hora, más o menos, llégabamos a cima y contemplabámos la ciudad desde la quietud de ese lugar, recuerdo el viento fresco, el olor a pino, la quietud, ¡el paraíso! De bajada ya era otra historia, porque entonces mi papá nos enseñaba las características de las plantas, del río, de los insectos, a beber agua pura de las rocas, a mirar el cielo, a cuidar el paso... sin duda que nos enseñó a amar la naturaleza, tal y como él lo hacía. Yo me sentía feliz imaginando que estaba en el terciario y que de pronto vería un caballito prehistórico, o un dyatrima, o un platibelodón, en aquel bosque precioso en el que rara vez veíamos o escúchabamos a alguien a lo lejos. Jamás nos perdimos, porque mi pápá era experto en eso de caminar por el bosque. Una vez vueltos al inicio, el olor de la leña y lso comales hacía agua la boca, cuando Don Federiquito llevaba lana nos compraba unas y un chesco y sí no, era tiempo de sacar las tortugas de queso de puerco con frijoles que había preparado mi mamá y admirar la pared rocosa, mientras mi papá platicaba con los chavales acerca del mejor método de escalada y de cómo él casi se muere en ese intento.
Llegábamos a nuestra casita de noche, todos sudados y enlodados, pero felices de aquellos momentos con la naturaleza, que yo creía serían eternos.
Volví dos décadas despúes, cuando iba a Bachilleres y aquello ya era un desastre; invasiones al bosque, pintas en las rocas del río, basura, basura, basura, gente, gente, gente.
Ya no he vuelto, me dicen que aquellos bosques primigenios son ahora colonias paupérrimas y el peligro de que a uno lo maten, violen o roben en esas veredas que yo conocí desiertas, es un peligro latente.
La ciudad y sus habitantes, monstruos que devoraron y dañaron su ciudad sin sentido, sin conciencia, hasta que un día reviente...
Pero aquellas excursiones, con su gelatina de leche con rompope, jamás las olvidaré.
Nos levántabamos como a las 8, mi mamá nos daba un vaso de leche, un pan y su bendición, y salíamos rumbo a Tacubaya, de ahí salía un camioncito que llegaba al zócalo de la Magdalena Contreras, que entonces lucía como un pueblo lejano e idílico, para entonces ya eran las 11 de la mañana. Ahí debía esperar uno el otro camión que salía a los Dínamos, que lo hacía cada media hora, y los domingos estaba lleno de gente, así que cuando salía, los paseantes, jóvenes casi todos, se lanzaban como estampida para alcanzar lugar, sin importarles los dos chamacos y su papá que también querían subirse. No sé cómo, pero siempre lográbamos subir, aunque jamás alcánzabamos asiento. Y luego venía el lento, bello y espectacular ascenso por aquellos enormes bosques y barrancas, siempre me horrorizó la idea de que al camión le fallaran los frenos y fuéramos a dar al fondo de aquellos insondables barrancos.
Cuando por fin llegábamos al primer Dínamo, entonces era hora de alcanzar la cima, y ni tardo ni perezoso, mi papá emprendía la subida a paso veloz, mientras yo y el Tomis, ibámos atrás de él sacando la lengua y pregúntandonos por qué caminaba tan rápido. Después de una hora, más o menos, llégabamos a cima y contemplabámos la ciudad desde la quietud de ese lugar, recuerdo el viento fresco, el olor a pino, la quietud, ¡el paraíso! De bajada ya era otra historia, porque entonces mi papá nos enseñaba las características de las plantas, del río, de los insectos, a beber agua pura de las rocas, a mirar el cielo, a cuidar el paso... sin duda que nos enseñó a amar la naturaleza, tal y como él lo hacía. Yo me sentía feliz imaginando que estaba en el terciario y que de pronto vería un caballito prehistórico, o un dyatrima, o un platibelodón, en aquel bosque precioso en el que rara vez veíamos o escúchabamos a alguien a lo lejos. Jamás nos perdimos, porque mi pápá era experto en eso de caminar por el bosque. Una vez vueltos al inicio, el olor de la leña y lso comales hacía agua la boca, cuando Don Federiquito llevaba lana nos compraba unas y un chesco y sí no, era tiempo de sacar las tortugas de queso de puerco con frijoles que había preparado mi mamá y admirar la pared rocosa, mientras mi papá platicaba con los chavales acerca del mejor método de escalada y de cómo él casi se muere en ese intento.
Llegábamos a nuestra casita de noche, todos sudados y enlodados, pero felices de aquellos momentos con la naturaleza, que yo creía serían eternos.
Volví dos décadas despúes, cuando iba a Bachilleres y aquello ya era un desastre; invasiones al bosque, pintas en las rocas del río, basura, basura, basura, gente, gente, gente.
Ya no he vuelto, me dicen que aquellos bosques primigenios son ahora colonias paupérrimas y el peligro de que a uno lo maten, violen o roben en esas veredas que yo conocí desiertas, es un peligro latente.
La ciudad y sus habitantes, monstruos que devoraron y dañaron su ciudad sin sentido, sin conciencia, hasta que un día reviente...
Pero aquellas excursiones, con su gelatina de leche con rompope, jamás las olvidaré.
martes, 25 de mayo de 2010
Vida después de los 50
Sí, hay vida más allá de los 50
Te ves en el espejo y te das cuenta que ya no está aquel muchachote de piel tersa y cuerpo de Apolo. Ahora ves un rostro que acusa el paso de los años, las arrugas adornan esa cara, en vez de melena hay una rala cabellera con tintes plateados y los marcados abdominales dieron paso a una amplia curvatura. Te aterrorizas porque ese señor eres tú mismo. Sientes que te sube el colesterol, que te baja la presión, que te duele el hígado, los pies y la espalda y temes que en cualquier momento te diagnosticarán lo peor; quieres echarte de cabeza al primer bote de basura, ahogar tu pena en alcohol o encontrar el método de suicidio menos doloroso.
Pero, ¿qué te sucede?
Cuando fuera de los círculos médicos se comenzó a hablar de andropausia, el género masculino imaginó que sufriría las mismas catástrofes que sus mujeres. En nuestra sociedad, que rinde culto a la juventud, pasar los 40 es perder la “inmortalidad” y la belleza. Después de esa peligrosa frontera llega la “crisis de la edad madura” tratamos a toda costa de parecer jóvenes, a veces con resultados patéticos, para que no nos consideren “acabados” en todos los terrenos. Pero todo forma parte de un proceso natural e irreversible, sólo que nadie nos preparó para ello. El organismo inicia el viaje para la tercera etapa de la vida. Hay cambios, sí, pero no significan decrepitud instantánea, hay que conocer en que consisten esos cambios, para vivirlos y sobre todo aceptarlos.
Te pueden decir “viejo andropaúsico” si:
• Te ataca un temor irracional de que “ya no funcionas” en el sexo y tratas de demostrar lo contrario al tener aventuras a granel (con chicas jóvenes, claro).
• Tu autoestima está por los suelos y sientes que fracasaste en la vida. La depresión afecta a tu familia y alcanza hasta las relaciones laborales y sentimentales.
• Para demostrar que no estás “viejo” te enredas en múltiples proyectos y trabajos, aunque a veces te falta el aliento. O lo contrario, decides “no estorbar” y te vuelves un eremita.
• Compites de manera patólogica con los jóvenes y gastas miles en tratamientos rejuvenecedores, cremas, inyecciones y hasta cirugía estética.
Bueno, al menos puedo decir que para mí no aplican ni el primero ni el último punto, ja, ja, ja, ja,, cof, cof, ayyy, ayyy mi espalda.
Te ves en el espejo y te das cuenta que ya no está aquel muchachote de piel tersa y cuerpo de Apolo. Ahora ves un rostro que acusa el paso de los años, las arrugas adornan esa cara, en vez de melena hay una rala cabellera con tintes plateados y los marcados abdominales dieron paso a una amplia curvatura. Te aterrorizas porque ese señor eres tú mismo. Sientes que te sube el colesterol, que te baja la presión, que te duele el hígado, los pies y la espalda y temes que en cualquier momento te diagnosticarán lo peor; quieres echarte de cabeza al primer bote de basura, ahogar tu pena en alcohol o encontrar el método de suicidio menos doloroso.
Pero, ¿qué te sucede?
Cuando fuera de los círculos médicos se comenzó a hablar de andropausia, el género masculino imaginó que sufriría las mismas catástrofes que sus mujeres. En nuestra sociedad, que rinde culto a la juventud, pasar los 40 es perder la “inmortalidad” y la belleza. Después de esa peligrosa frontera llega la “crisis de la edad madura” tratamos a toda costa de parecer jóvenes, a veces con resultados patéticos, para que no nos consideren “acabados” en todos los terrenos. Pero todo forma parte de un proceso natural e irreversible, sólo que nadie nos preparó para ello. El organismo inicia el viaje para la tercera etapa de la vida. Hay cambios, sí, pero no significan decrepitud instantánea, hay que conocer en que consisten esos cambios, para vivirlos y sobre todo aceptarlos.
Te pueden decir “viejo andropaúsico” si:
• Te ataca un temor irracional de que “ya no funcionas” en el sexo y tratas de demostrar lo contrario al tener aventuras a granel (con chicas jóvenes, claro).
• Tu autoestima está por los suelos y sientes que fracasaste en la vida. La depresión afecta a tu familia y alcanza hasta las relaciones laborales y sentimentales.
• Para demostrar que no estás “viejo” te enredas en múltiples proyectos y trabajos, aunque a veces te falta el aliento. O lo contrario, decides “no estorbar” y te vuelves un eremita.
• Compites de manera patólogica con los jóvenes y gastas miles en tratamientos rejuvenecedores, cremas, inyecciones y hasta cirugía estética.
Bueno, al menos puedo decir que para mí no aplican ni el primero ni el último punto, ja, ja, ja, ja,, cof, cof, ayyy, ayyy mi espalda.
viernes, 21 de mayo de 2010
Discusión en foros electrónicos
Me da gusto ver el nivel de la discusión en Internet, hombres y mujeres de todas las edades se unen por el gusto de proponer y discutir razones y entender las diferencias de opinión que existen a causas de razones religiosas, políticas, musicales, o simplemente personales. En estos foros se discute de todo, desde el aborto hasta la Evolución, ahora, como un ejemplo, no entraremos en esos temas, sino en uno más tranquilo y rosa ¿Qué les parece la equivocación sufrida por doña Thalis al interpetar una canción en un programa de televisa?
Thalia se equivoca al interpretar una canción.
Opina:
Maryluz: Bueno, yo pienso que Thalia es una gran artista y que se equivocó por nervios, eso le puede pasar a todos.
Chilemexicanomascabel: Eres una estúpida y descerebrada, sólo a una idiota como tú le puede gustar talia o cualquiera de esas mierdas, pudránse todos.
Michos: Dios está en todas partes y si él quisiera podría destruir al univerzo y a todos ustedes pecadores.
Debolus: Ja, ja, ja, infelices, dios no esiste ni la pendeja música que escuchan, para mi qye deberían drogarse e irse a la b"&))??¡...
Fukito: Perras infelices, no saben que es musika y por eso critican a lso estupiod, ya quisieran tener la juventud, la belleza y la voz de tahaliua.
Tomisyo: Pos yo quisera tener aunque sea su fortuna, ja, ha, ja.
Manuelin: Por eso nuestro pais esta como esta, por idiotas como ustedes, a ni me importa de lo que esten discutiendom vayánse a fregar a la más anciana de su casa...
Intergroup. We are offering replica watches, great prices, great catalog. Don´t miss the oportunity.
Migaman: Thalia, no hagas caso, tu eres hermosa y talentosa, que Dios te bendiga...
Y así por el estilo, tres bendiciones, tres mentadas ad infinitum, ja, ja, ja.
Un saludo
Tomi
Nota
Todos los personajes son ficticios, si existe un nick así es pura coincidencia.
Thalia se equivoca al interpretar una canción.
Opina:
Maryluz: Bueno, yo pienso que Thalia es una gran artista y que se equivocó por nervios, eso le puede pasar a todos.
Chilemexicanomascabel: Eres una estúpida y descerebrada, sólo a una idiota como tú le puede gustar talia o cualquiera de esas mierdas, pudránse todos.
Michos: Dios está en todas partes y si él quisiera podría destruir al univerzo y a todos ustedes pecadores.
Debolus: Ja, ja, ja, infelices, dios no esiste ni la pendeja música que escuchan, para mi qye deberían drogarse e irse a la b"&))??¡...
Fukito: Perras infelices, no saben que es musika y por eso critican a lso estupiod, ya quisieran tener la juventud, la belleza y la voz de tahaliua.
Tomisyo: Pos yo quisera tener aunque sea su fortuna, ja, ha, ja.
Manuelin: Por eso nuestro pais esta como esta, por idiotas como ustedes, a ni me importa de lo que esten discutiendom vayánse a fregar a la más anciana de su casa...
Intergroup. We are offering replica watches, great prices, great catalog. Don´t miss the oportunity.
Migaman: Thalia, no hagas caso, tu eres hermosa y talentosa, que Dios te bendiga...
Y así por el estilo, tres bendiciones, tres mentadas ad infinitum, ja, ja, ja.
Un saludo
Tomi
Nota
Todos los personajes son ficticios, si existe un nick así es pura coincidencia.
viernes, 7 de mayo de 2010
Consejos de Aldo Tomi Alba para la juventud
1. No te hagas el santurrón, quizá pueda funcionar si eres guapa y joven, pero después nadie te soportará.
2. No refrenes al gusanillo (o en algunos casos, boa) del vicio, déjalo que te devore total y placenteramente, si asumes que eres vicioso, vivirás sin remordimientos inútiles.
3. No formes parte de mafias y grupúsculos culturales que se adjudican como los salvadores de la patria, quizá lo sean, pero nunca te aceptarán como parte de ellos.
4. En cuestión de sexo; estudia, aprende, practícalo, gózalo al máximo en todas las oportunidades posibles, pero siempre cuida a tu pareja y a ti, ya no se necesitan niños para poblar el mundo, ni aumentar las estadísticas de SIDA y nuevas enfermedades venéreas.
5. No seas chismoso ni mitómano, ambas cosas son bajezas y puedes dañar a inocentes, sí lo eres ve a tratamiento y cúrate.
6. En la vida pasarás por momento de estúpida felicidad, gózalos, y no te preguntes cuán pequeños o largos serán, lo que sí es seguro es que no serán muchos.
7. ¿Qué quieres estudiar? ¿¡Letras, Humanidades, Filosofía, Pintura, Diseño Gráfico!? No sé para qué, pero te puedes dar el lujo, antes que desaparezcan.
8. De preferencia sé un rebelde, pero auténtico, no vale la pena ceñirse y obedecer todas las reglas, se siente bien hacer enojar a los cuadrados.
9. Si la naturaleza te premió con belleza, ¡Aprovéchala! Cuántas puertas se te abrirán ante los admiradores, que, boquiabiertos, aceptarán lo que tú digas.
10. No tengas miedo a la violencia física, a veces es necesaria, no les hagas caso a los que pregonan la hermandad y la convivencia, el humano es animal al fin.
11. No te conviertas en fanático, de ninguna clase, son meros borregos que manda un fanático más inteligente.
12. Acéptalo, hombres y mujeres son especies diferentes, jamás se entenderán, pero a pesar de eso pasarás muy buenos ratos… aunque estarás peleando y discutiendo todo el tiempo restante.
13. Antes de defender mariguanadas, paparruchas y tonterías, examínalas bajo la ciencia, y verás que todas se derrumban, desde “Nessie”, pasando por el “New Age” y los “hermanos extraterrestres”.
14. Sigue las modas mientras tengas cuerpo y edad, después sólo harás el ridículo.
15. No te pases de "bueno" siempre habrá personajes traicioneros que te usarán hasta que ya no les sirvas, exige lo justo, en esos casos no pienses en la amistad o el cariño, porque te tacharán de estúpido y tibio.
16. No te sientas mal si eres un perdedor, existen muchos casos en que logran sobreponerse al destino y convertirse en triunfadores; ahí está Travis Bickle, Rocky Balboa, La cenicienta… ¿Qué son personajes de ficción? Es cierto, entonces no tienes remedio.
2. No refrenes al gusanillo (o en algunos casos, boa) del vicio, déjalo que te devore total y placenteramente, si asumes que eres vicioso, vivirás sin remordimientos inútiles.
3. No formes parte de mafias y grupúsculos culturales que se adjudican como los salvadores de la patria, quizá lo sean, pero nunca te aceptarán como parte de ellos.
4. En cuestión de sexo; estudia, aprende, practícalo, gózalo al máximo en todas las oportunidades posibles, pero siempre cuida a tu pareja y a ti, ya no se necesitan niños para poblar el mundo, ni aumentar las estadísticas de SIDA y nuevas enfermedades venéreas.
5. No seas chismoso ni mitómano, ambas cosas son bajezas y puedes dañar a inocentes, sí lo eres ve a tratamiento y cúrate.
6. En la vida pasarás por momento de estúpida felicidad, gózalos, y no te preguntes cuán pequeños o largos serán, lo que sí es seguro es que no serán muchos.
7. ¿Qué quieres estudiar? ¿¡Letras, Humanidades, Filosofía, Pintura, Diseño Gráfico!? No sé para qué, pero te puedes dar el lujo, antes que desaparezcan.
8. De preferencia sé un rebelde, pero auténtico, no vale la pena ceñirse y obedecer todas las reglas, se siente bien hacer enojar a los cuadrados.
9. Si la naturaleza te premió con belleza, ¡Aprovéchala! Cuántas puertas se te abrirán ante los admiradores, que, boquiabiertos, aceptarán lo que tú digas.
10. No tengas miedo a la violencia física, a veces es necesaria, no les hagas caso a los que pregonan la hermandad y la convivencia, el humano es animal al fin.
11. No te conviertas en fanático, de ninguna clase, son meros borregos que manda un fanático más inteligente.
12. Acéptalo, hombres y mujeres son especies diferentes, jamás se entenderán, pero a pesar de eso pasarás muy buenos ratos… aunque estarás peleando y discutiendo todo el tiempo restante.
13. Antes de defender mariguanadas, paparruchas y tonterías, examínalas bajo la ciencia, y verás que todas se derrumban, desde “Nessie”, pasando por el “New Age” y los “hermanos extraterrestres”.
14. Sigue las modas mientras tengas cuerpo y edad, después sólo harás el ridículo.
15. No te pases de "bueno" siempre habrá personajes traicioneros que te usarán hasta que ya no les sirvas, exige lo justo, en esos casos no pienses en la amistad o el cariño, porque te tacharán de estúpido y tibio.
16. No te sientas mal si eres un perdedor, existen muchos casos en que logran sobreponerse al destino y convertirse en triunfadores; ahí está Travis Bickle, Rocky Balboa, La cenicienta… ¿Qué son personajes de ficción? Es cierto, entonces no tienes remedio.
martes, 23 de marzo de 2010
Otro lobo, y buenas pelis

Este fin de semana me dediqué a bajar pelis de la red. Todas ellas hace tiempo que las quería ver, pero no las encontraba.
La primera "Big Bad Wolf" es horrible, un churro sangriento con un hombre lobo parlante y libidinoso, quesque la nueva propuesta en pelis de licántropos, el típico churro de monstruos vs teens, (aunque tengan 35 años) ja, ja, ja,ja. Una basura que pasará a la historia por chafa.
Las otras dos son el binomio "Las banderas de nuestros padres e Iwo Jima" dos buenas obras del maestro Eastwood, con ese ritmo crepuscular y meláncolico del cine que hace hoy, dos filmes antibélicos y críticos, que me imagino que aquí no pegaron porque querían rambos y no esos pobres soldados traumados o aplastados por un enemigo superior e igual de fanático que ellos. Porque al final eso es la guerra, una estupidez en la que el hombre vuelve a la ley del más fuerte.
martes, 16 de marzo de 2010
Mi vida entre los lobos

Siempre me han fascinado, y aterrorizado, las pelis de hombres lobo, desde Santo contra los cerebros del mal, hasta la más reciente, con Benicio del Toro y el mairo Anthony Hopkins.
¿A qué se debe la fascinación-horror que me provocan? La teoría es que mi tierno y sano cerebro de niño hizo una asociación que después la ciencia explicaría, acerca de la dualidad del hombre; sí, porque nada hay más brutal que saber que el hombre es una bestia dormida, por fuera puede ser un ser impecable, bondadoso y sonriente, al que sólo le basta alguna droga, o alguna situación fuera de lo común, para convertirse en un animal, que me perdonen los animales, sanguinario, brutal malévolo.
Por algún tiempo, fe de adolescente, creí en la posibilidad de que sí existieran los hombres-bestia, de verdad, no locos. Y que por ahí rondaba un hombre-lobo, o un hombre-zorro, un hombre-hiena, un hombre-leopardo o por el estilo. Hoy me doy cuenta que no es así, sólo es una leyenda.
Aunque mis peores pesadillas han sido protagonizadas por hombres lobo y algunas de las cintas que me hicieron temer a la oscuridad fueron de licántropos, como “Aullido” o Aullido 2, los marsupiales”, mientras que los hombres lobo que salían con Chabelo, no espantaban, unos pobres hombres con un traje despeluchado.
A mi ex -pareja, la bella Lety Zarco, la llamaba “Lobito feroz”, por hermosa y, sí… feroz.
Todo esto surgió porque el domingo fui a ver “El hombre lobo”, que es una nueva versión, nada que ver con aquella tierna (así me parece hoy) versión con un atemorizado y sudoroso Lon Chaney Jr, nada que ver con las bestias peludas, góticas y gore de esta versión. Dicen los productores que es un homenaje a la antigua versión, lo que me parece muy bien, pues el hombre lobo ya se había abaratado mucho, recuerdo una ridiculez llamada “los hombres lobo de Wall Street” o “la marca de la bestia” con una loba muy fashion, ja, ja, ja. O la vomitiva del hombre lobo adolecente con Michael J. Fox, al que le faltaba un grado para convertirse en el estúpido Scooby Doo, ja, ja, ja.
En la nueva versión se le da otra vez el carácter de monstruo legendario y pesadillesco, no mamarrachadas cómicas. Ahora ya no me escondí debajo de la cama al llegar a mi casa, pero sí me dio gusto saber que los monstruos clásicos volverán, ahora con una renovada dosis de sangre, obscuridad y misterio.
Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu…
jueves, 25 de febrero de 2010
Hoy cumplo 50
Sí, hoy es el día, me siento bien, quizá un poco desvelado porque ayer estuve vaciando caguis con Mi Compa Torres, José Alejandro Torres, para ser más exactos, un talentosisimo poeta, escritor, y crítico burlón y feroz de los farsantes del medio literario nacional, lo que le ha acarreado no pocos problemas con tales personajes, que no permiten que nadie los toque.
Nos conocimos hace años y de inmediato congeniamos y a pesar de algunos periodos en que no nos vimos por cuestiones de mi ex, que lo culpaba de un desagradable altercado que tuvimos, en que hasta empujones hubo, de ahí en adelante, hemos compartido chelas, letras y desilusiones y también alegrías.
No olvido por supuesto a Anita Rivera, su esposa y Mi Coma por excelencia, una simpática y también talentosa chica.
Va también un abrazo muy fuerte para todos los que han pasado hasta ahora por mi vida; en primera Doña Esperancita y Don Federico, puesto que sin ellos no estuviera aquí, a mi hermanito Federico (el Tomi original)
Y ahora a las bellas: a la inolvidable Magos, a la guapa rubia Marilyn, a Cati la morena del cuerpo espectacular, a Normis y su juventud maravillosa, a Gaby, que a pesar de lo fugaz de nuestra relación, fue inolvidable. A esa auténtica dama de ojos profundos y hermosos, la Bruja Lunar, al lobito y su caderas donde se eclipsaba el mundo. Y a Lulú, que cayó del cielo para renovar mi fe en la vida, a todos les debo algo por hacerme la vida mejor.
A mis carritos, a mi depto, a Gaby, a Karinita, bellas y jóvenes poetas, a esta ciudad que he visto decaer día con día...
A muchos que ya tendré ocasión de narrar
Y ahora, mejor lean el texto de Mi Compa y diviertanse, creo que ni mandado a hacer quedó para este día tan especial.
BAILANDO CON MI SOMBRA
O
DE CHOCHOS, CHELAS Y CARRITOS
BIOGRAFÍA CASI AUTORIZADA DE ALDO ALBA
Musical minimalista en tres actos
Prólogo
Hace algunos meses, mientras sobrevivía a una crisis espiritual y existencial muy intensa, tuve una entrevista desagradable con cierta sicoanalista. La mujer en cuestión quiso demostrarme sus capacidades freudianas mirándome fijamente a los ojos, sin parpadear, y sin demostrar un solo gesto ante mis revelaciones. Poco a poco, conforme mi confesión se volvió más íntima, la sicoanalista no pudo resistir más su actitud de “pirita dórica”, diría Lezama Lima, y comenzó a fruncir el seño y a demostrar con su mirada que estaba a punto de estallar. Adiviné, esto es un prejuicio que tengo desde niño, que la mujer de buena gana, por lo que me decía su mirada, me habría lanzado de su consultorio sin dar más explicaciones; pero con todo la mujer soportó, y yo aproveché eso para dar rienda suelta a mis obsesiones y perversiones más ocultas, que en realidad no son más que fantasías de un ser con demasiada imaginación.
Al final de mi monólogo la sicoanalista me cuestionó: “Noto que a usted le preocupa mucho ser congruente con lo que dice y hace”. Le contesté que no concebía otra forma de vida. Que para mí el dicho y el hecho van de la mano y que quien no ponga en práctica esto es un falso, un hipócrita o un ser que no conoce la libertad.
En definitiva esta opinión le desagradó a la mujer y esta vez no trató de fingirlo. Extendió la mano para pedirme lo que le correspondía por sus servicios y me lanzó a la calle sin importarle que yo tuviera en mente contarle algunos de mis traumas infantiles.
A pesar de las terapias con otras sicoanalistas -no entiendo por qué siempre tienen que ser mujeres- no he cambiado de opinión. Sigo viendo sólo dos colores: el blanco y el negro. Este daltonismo existencial me ha causado muchos problemas, pero también me ha enseñado que en estas épocas ser de UNA SOLA PIEZA, como decían los antiguos, representa casi ser un fenómeno de la naturaleza y a la vez un orgullo.
Para ser hombrecito no basta usar pantalones ni tener una actitud machista, hay que ser congruente con lo que se dice y se hace –que el público perdone mi intolerancia- y uno de esos hombres es Aldo Alba.
Mi compadre, como le llamo de cariño pues en la práctica no lo es, es un dechado de lealtad, de fraternidad y de honestidad; virtudes que en estas épocas son verdaderos defectos de carácter. Su exceso de lealtad le ha acarreado problemas, sobre todo con las mujeres abusivas, sobran por cierto, que se han inmiscuido en su vida, porque en realidad mi compadre es un anacoreta consumado, un San Antonio en su ermita. He llegado a la conclusión de que en otra vida fue uno de esos monjes budistas que jamás han visto a una mujer.
El mundo material, la avasalladora y cruel corriente del capitalismo, quiere extinguir a esta clase de seres. Pero Aldo sale bien librado de esta batalla dándole preferencia, ya que no lo puede evadir, al mundo en su forma menos dañina, me refiero a lo virtual. Mi compadre vive conectado, en sus oídos, con un ipod nano, su mirada casi siempre está puesta en la pantalla de una laptop o de una computadora. Esa es su forma de aislarse y al mismo tiempo de mantenerse al tanto y en contacto con el odioso mundo.
Mi compadre es lacónico por elección y por genética. Tiene la virtud de mantener la boca cerrada y de no meterse en problemas, como otros, me incluyo, por las tonterías o disparates que por accidente pueda pronunciar.
Hace poco, con la caída estrepitosa de este país cuya situación cada vez se acerca más a la de Haití, mi compadre, como muchos mexicanos, cayó en desgracia económica. Cabe aclarar que Aldo Alba tiene un renombre bien justificado en el mundo de la Ciencia Ficción. Recuerdo una de sus presentaciones, un lleno pletórico en la Casa del Poeta, una presentación a la cual asistió la crema y nata de la literatura en México. Recuerdo a muchos lisonjeros que no dejaban de alabar a Alba, a mujeres que se formaban para tener un recuerdo del escritor, y a otras que por lo menos se querían llevar un beso como premio de consolación por no tener a ese creador con ellas en la cama.
Con la desgracia, con las deudas, vino el olvido. Aquellos lisonjeros jamás preguntaron por la condición de Alba. Las mujeres se olvidaron de él, lo desdeñaron, los lectores se olvidaron de uno de los mejores escritores de Ciencia Ficción. ¿Dónde habían quedado esos falsos amigos y admiradores?
Así pues, al plantearme la creación de una biografía de Aldo Alba, pensé en ser coherente. Al principio concebí una novela narrada en primera persona. Quería hacer un ejercicio semejante al Mascarón de Prosa de nuestro poeta Francisco Hernández. Quería disfrazarme de Aldo Alba y escribir lo que sentía; pero eso me pareció imposible, al menos para mí.
Aldo Alba es un melómano consumado, no puede vivir sin música. Sin duda en él, mejor que en nadie, se aplica esa sentencia de Nietzsche: “Sin música la vida sería un error”. Es además un “teatrero”, así les decimos los de Letras Hispánicas a los de Literatura Dramática, consumado, magistral y poderoso. Por ello preferí escribir una obra musical, dividida en actos. Dios y los teatreros perdonen mi osadía.
La siguiente es una pieza teatral que resume simbólicamente la vida de Aldo Alba, un hombre cuyos dichos y hechos son los más congruentes de este planeta.
José Alejandro Torres
Enero de 2010
México, D. F.
Acto I
Primera escena
Estancia rectangular de 2 x 3 metros. Hay una puerta metálica en una de las paredes que tiene una pequeña ventana por la cual entran algunos rayos de sol. Hay una mesa de plástico, transparente, con plataforma de cristal. En las paredes, hay una serie de repisas donde se apilan toda clase de juguetes. Frente a la mesa, sentado en una silla de madera, se encuentra Aldo, manipulando el mouse de una laptop que tiene frente a sí. Al lado de ésta, hay una caguama Corona, casi vacía. En el fondo de la estancia, frente a Aldo, hay un piano destartalado, sin teclas, con rayones y del cual proviene la siguiente canción:
The piano has been drinking
My necktie's asleep
The combo went back to New York, and left me all alone
The jukebox has to take a leak
Have you noticed that the carpet needs a haircut?
And the spotlight looks just like a prison break
And the telephone's out of cigarettes
As usual the balcony's on the make
And the piano has been drinking, heavily
The piano has been drinking
And he's on the hard stuff tonight
The piano has been drinking
And you can't find your waitress
Even with the Geiger counter
And I guarantee you that she will hate you
From the bottom of her glass
And all of your friends remind you
That you just can't get served without her
The piano has been drinking
Aldo Alba mueve sus dedos al son de la música, pero en realidad pulsa las teclas de su laptop. Cabecea de vez en cuando debido a su estado de ebriedad.
The piano has been drinking
And the lightman's blind in one eye
And he can't see out of the other
And the piano-tuner's got a hearing aid
And he showed up with his mother
And the piano has been drinking
Without fear of contradiction I say
The piano has been drinking
Our Father who art in ?
Hallowed by thy glass
Thy kindom come, thy will be done
On Earth as it is in the lounges
Give us this day our daily splash
Forgive us our hangovers
As we forgive all those who continue to hangover against us
And lead us not into temptation
But deliver from evil and someone you must all ride home
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
Este verso se repite una y otra vez mientras Aldo cabecea con más intensidad y poco a poco se olvida de la pantalla de la laptop para concentrarse en el ritmo del verso. De tal forma, mueve sus manos creyendo, ahora sí, que toca el piano.
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
(se repite durante dos minutos)
Aldo Alba queda en estado vegetativo. Se cierra el telón.
Segunda escena
Ha desaparecido el piano. De nuevo Aldo Alba manipula el mouse de su laptop. En el fondo del teatro se proyecta lo que Aldo mira.
En la proyección aparece Charles Bukowski, durante una entrevista. A su lado tiene a una mujer. De pronto Bukowski comienza a molestarse por los comentarios de ella. La mujer lo cuestiona una y otra vez, parece sacarlo de sus casillas a propósito. De pronto el viejo Bukowski se recuesta para patear a la mujer. En ese momento Aldo imita los movimientos que ha visto, pero sentado. Patalea una y otra vez y la escena en la pantalla se repite, como disco rayado. Al mismo tiempo se repite el audio con los gritos de Bukowski y las expresiones de sorpresa del camarógrafo que dice una y otra vez: “¡Uh, Oh!”
Ahora lo que se proyecta en la pantalla es el cuerpo de una mujer desnuda. Aldo patalea con más fuerza y desesperación, mientras aún de fondo se escuchan los gritos del anterior video y el” ¡Uh, Oh!”, del camarógrafo.
Poco a poco ese sonido va a desapareciendo así como la imagen que se va mezclando con la escena de la película Naranja Mecánica en la que Alex y sus compañeros entran a la casa del escritor. Alex hace una caravana y comienza a cantar Singing in the rain, mientras patea al escritor y golpea con su bastón a la esposa de aquél y a sus amigos. Aldo imita, aún sentado, los movimientos y patadas de Alex mientras tararea la misma canción. Con el “dubi dubi du”, “dubi dubi du” de Alex, la escena se va mezclando con el piano introductorio de la canción Azul, de Agustín Lara, interpretada por Toña la Negra.
Corre toda la canción Azul. Aldo llora, grita y gime aún sentado.
Fin del primer acto
Nos conocimos hace años y de inmediato congeniamos y a pesar de algunos periodos en que no nos vimos por cuestiones de mi ex, que lo culpaba de un desagradable altercado que tuvimos, en que hasta empujones hubo, de ahí en adelante, hemos compartido chelas, letras y desilusiones y también alegrías.
No olvido por supuesto a Anita Rivera, su esposa y Mi Coma por excelencia, una simpática y también talentosa chica.
Va también un abrazo muy fuerte para todos los que han pasado hasta ahora por mi vida; en primera Doña Esperancita y Don Federico, puesto que sin ellos no estuviera aquí, a mi hermanito Federico (el Tomi original)
Y ahora a las bellas: a la inolvidable Magos, a la guapa rubia Marilyn, a Cati la morena del cuerpo espectacular, a Normis y su juventud maravillosa, a Gaby, que a pesar de lo fugaz de nuestra relación, fue inolvidable. A esa auténtica dama de ojos profundos y hermosos, la Bruja Lunar, al lobito y su caderas donde se eclipsaba el mundo. Y a Lulú, que cayó del cielo para renovar mi fe en la vida, a todos les debo algo por hacerme la vida mejor.
A mis carritos, a mi depto, a Gaby, a Karinita, bellas y jóvenes poetas, a esta ciudad que he visto decaer día con día...
A muchos que ya tendré ocasión de narrar
Y ahora, mejor lean el texto de Mi Compa y diviertanse, creo que ni mandado a hacer quedó para este día tan especial.
BAILANDO CON MI SOMBRA
O
DE CHOCHOS, CHELAS Y CARRITOS
BIOGRAFÍA CASI AUTORIZADA DE ALDO ALBA
Musical minimalista en tres actos
Prólogo
Hace algunos meses, mientras sobrevivía a una crisis espiritual y existencial muy intensa, tuve una entrevista desagradable con cierta sicoanalista. La mujer en cuestión quiso demostrarme sus capacidades freudianas mirándome fijamente a los ojos, sin parpadear, y sin demostrar un solo gesto ante mis revelaciones. Poco a poco, conforme mi confesión se volvió más íntima, la sicoanalista no pudo resistir más su actitud de “pirita dórica”, diría Lezama Lima, y comenzó a fruncir el seño y a demostrar con su mirada que estaba a punto de estallar. Adiviné, esto es un prejuicio que tengo desde niño, que la mujer de buena gana, por lo que me decía su mirada, me habría lanzado de su consultorio sin dar más explicaciones; pero con todo la mujer soportó, y yo aproveché eso para dar rienda suelta a mis obsesiones y perversiones más ocultas, que en realidad no son más que fantasías de un ser con demasiada imaginación.
Al final de mi monólogo la sicoanalista me cuestionó: “Noto que a usted le preocupa mucho ser congruente con lo que dice y hace”. Le contesté que no concebía otra forma de vida. Que para mí el dicho y el hecho van de la mano y que quien no ponga en práctica esto es un falso, un hipócrita o un ser que no conoce la libertad.
En definitiva esta opinión le desagradó a la mujer y esta vez no trató de fingirlo. Extendió la mano para pedirme lo que le correspondía por sus servicios y me lanzó a la calle sin importarle que yo tuviera en mente contarle algunos de mis traumas infantiles.
A pesar de las terapias con otras sicoanalistas -no entiendo por qué siempre tienen que ser mujeres- no he cambiado de opinión. Sigo viendo sólo dos colores: el blanco y el negro. Este daltonismo existencial me ha causado muchos problemas, pero también me ha enseñado que en estas épocas ser de UNA SOLA PIEZA, como decían los antiguos, representa casi ser un fenómeno de la naturaleza y a la vez un orgullo.
Para ser hombrecito no basta usar pantalones ni tener una actitud machista, hay que ser congruente con lo que se dice y se hace –que el público perdone mi intolerancia- y uno de esos hombres es Aldo Alba.
Mi compadre, como le llamo de cariño pues en la práctica no lo es, es un dechado de lealtad, de fraternidad y de honestidad; virtudes que en estas épocas son verdaderos defectos de carácter. Su exceso de lealtad le ha acarreado problemas, sobre todo con las mujeres abusivas, sobran por cierto, que se han inmiscuido en su vida, porque en realidad mi compadre es un anacoreta consumado, un San Antonio en su ermita. He llegado a la conclusión de que en otra vida fue uno de esos monjes budistas que jamás han visto a una mujer.
El mundo material, la avasalladora y cruel corriente del capitalismo, quiere extinguir a esta clase de seres. Pero Aldo sale bien librado de esta batalla dándole preferencia, ya que no lo puede evadir, al mundo en su forma menos dañina, me refiero a lo virtual. Mi compadre vive conectado, en sus oídos, con un ipod nano, su mirada casi siempre está puesta en la pantalla de una laptop o de una computadora. Esa es su forma de aislarse y al mismo tiempo de mantenerse al tanto y en contacto con el odioso mundo.
Mi compadre es lacónico por elección y por genética. Tiene la virtud de mantener la boca cerrada y de no meterse en problemas, como otros, me incluyo, por las tonterías o disparates que por accidente pueda pronunciar.
Hace poco, con la caída estrepitosa de este país cuya situación cada vez se acerca más a la de Haití, mi compadre, como muchos mexicanos, cayó en desgracia económica. Cabe aclarar que Aldo Alba tiene un renombre bien justificado en el mundo de la Ciencia Ficción. Recuerdo una de sus presentaciones, un lleno pletórico en la Casa del Poeta, una presentación a la cual asistió la crema y nata de la literatura en México. Recuerdo a muchos lisonjeros que no dejaban de alabar a Alba, a mujeres que se formaban para tener un recuerdo del escritor, y a otras que por lo menos se querían llevar un beso como premio de consolación por no tener a ese creador con ellas en la cama.
Con la desgracia, con las deudas, vino el olvido. Aquellos lisonjeros jamás preguntaron por la condición de Alba. Las mujeres se olvidaron de él, lo desdeñaron, los lectores se olvidaron de uno de los mejores escritores de Ciencia Ficción. ¿Dónde habían quedado esos falsos amigos y admiradores?
Así pues, al plantearme la creación de una biografía de Aldo Alba, pensé en ser coherente. Al principio concebí una novela narrada en primera persona. Quería hacer un ejercicio semejante al Mascarón de Prosa de nuestro poeta Francisco Hernández. Quería disfrazarme de Aldo Alba y escribir lo que sentía; pero eso me pareció imposible, al menos para mí.
Aldo Alba es un melómano consumado, no puede vivir sin música. Sin duda en él, mejor que en nadie, se aplica esa sentencia de Nietzsche: “Sin música la vida sería un error”. Es además un “teatrero”, así les decimos los de Letras Hispánicas a los de Literatura Dramática, consumado, magistral y poderoso. Por ello preferí escribir una obra musical, dividida en actos. Dios y los teatreros perdonen mi osadía.
La siguiente es una pieza teatral que resume simbólicamente la vida de Aldo Alba, un hombre cuyos dichos y hechos son los más congruentes de este planeta.
José Alejandro Torres
Enero de 2010
México, D. F.
Acto I
Primera escena
Estancia rectangular de 2 x 3 metros. Hay una puerta metálica en una de las paredes que tiene una pequeña ventana por la cual entran algunos rayos de sol. Hay una mesa de plástico, transparente, con plataforma de cristal. En las paredes, hay una serie de repisas donde se apilan toda clase de juguetes. Frente a la mesa, sentado en una silla de madera, se encuentra Aldo, manipulando el mouse de una laptop que tiene frente a sí. Al lado de ésta, hay una caguama Corona, casi vacía. En el fondo de la estancia, frente a Aldo, hay un piano destartalado, sin teclas, con rayones y del cual proviene la siguiente canción:
The piano has been drinking
My necktie's asleep
The combo went back to New York, and left me all alone
The jukebox has to take a leak
Have you noticed that the carpet needs a haircut?
And the spotlight looks just like a prison break
And the telephone's out of cigarettes
As usual the balcony's on the make
And the piano has been drinking, heavily
The piano has been drinking
And he's on the hard stuff tonight
The piano has been drinking
And you can't find your waitress
Even with the Geiger counter
And I guarantee you that she will hate you
From the bottom of her glass
And all of your friends remind you
That you just can't get served without her
The piano has been drinking
Aldo Alba mueve sus dedos al son de la música, pero en realidad pulsa las teclas de su laptop. Cabecea de vez en cuando debido a su estado de ebriedad.
The piano has been drinking
And the lightman's blind in one eye
And he can't see out of the other
And the piano-tuner's got a hearing aid
And he showed up with his mother
And the piano has been drinking
Without fear of contradiction I say
The piano has been drinking
Our Father who art in ?
Hallowed by thy glass
Thy kindom come, thy will be done
On Earth as it is in the lounges
Give us this day our daily splash
Forgive us our hangovers
As we forgive all those who continue to hangover against us
And lead us not into temptation
But deliver from evil and someone you must all ride home
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
Este verso se repite una y otra vez mientras Aldo cabecea con más intensidad y poco a poco se olvida de la pantalla de la laptop para concentrarse en el ritmo del verso. De tal forma, mueve sus manos creyendo, ahora sí, que toca el piano.
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
The piano has been drinking
(se repite durante dos minutos)
Aldo Alba queda en estado vegetativo. Se cierra el telón.
Segunda escena
Ha desaparecido el piano. De nuevo Aldo Alba manipula el mouse de su laptop. En el fondo del teatro se proyecta lo que Aldo mira.
En la proyección aparece Charles Bukowski, durante una entrevista. A su lado tiene a una mujer. De pronto Bukowski comienza a molestarse por los comentarios de ella. La mujer lo cuestiona una y otra vez, parece sacarlo de sus casillas a propósito. De pronto el viejo Bukowski se recuesta para patear a la mujer. En ese momento Aldo imita los movimientos que ha visto, pero sentado. Patalea una y otra vez y la escena en la pantalla se repite, como disco rayado. Al mismo tiempo se repite el audio con los gritos de Bukowski y las expresiones de sorpresa del camarógrafo que dice una y otra vez: “¡Uh, Oh!”
Ahora lo que se proyecta en la pantalla es el cuerpo de una mujer desnuda. Aldo patalea con más fuerza y desesperación, mientras aún de fondo se escuchan los gritos del anterior video y el” ¡Uh, Oh!”, del camarógrafo.
Poco a poco ese sonido va a desapareciendo así como la imagen que se va mezclando con la escena de la película Naranja Mecánica en la que Alex y sus compañeros entran a la casa del escritor. Alex hace una caravana y comienza a cantar Singing in the rain, mientras patea al escritor y golpea con su bastón a la esposa de aquél y a sus amigos. Aldo imita, aún sentado, los movimientos y patadas de Alex mientras tararea la misma canción. Con el “dubi dubi du”, “dubi dubi du” de Alex, la escena se va mezclando con el piano introductorio de la canción Azul, de Agustín Lara, interpretada por Toña la Negra.
Corre toda la canción Azul. Aldo llora, grita y gime aún sentado.
Fin del primer acto
miércoles, 24 de febrero de 2010
Cuando me di cuenta que tenía 50
Ni siquiera me había dado cuenta, puesto que estaba afectado por el síndrome de Peter Pan, hoy estoy curado, del síndrome, no de los 50. Me imaginaba que estaba en 1995, con Cati y su maravilloso cuerpo, en aquellas épocas en que salía a correr al canal de Chalco antes de que fuera criminalmente asesinado por unidades habitacionales sin ton ni son… o más atrás, a 1985, cuando era joven y guapo; tanto que una chica muy bella se enamoró se mí. Y la perdí, a ella y a muchas más.
Y ya el tiempo me alcanzó y a mi manera fui lo que quise: nunca trabajé en un banco, no tengo coche, ni casa, ni esposa, ni hijos. Aguanté dos jefas algún tiempo, pero no mucho y le debo miles de pesos a los bancos, y no les he pagado.
También he recorrido todo el camino del mundo editorial, de mozo a editor, pero en sentido inverso, ja, ja, ja.
Hoy amanecí y me di cuenta que mañana cumpliré 50 años. Soy un viejo que dejó atrás la juventud para desbarrancarse al tobogán de la vejez y las malditas enfermedades. Mientras no dejaré de brindar por ellas con Cerveza y Coca Cola y espero que no me alcancen muy rápido
Un vejete al que entra la prisa por escribir, aunque nadie corrija mis textos.
A veces, me ataca el deseo de hacer lo que no hice en 25 años, de poder seguir amando a alguien mientras pueda. Con la amargura por no haberme disuelto en alguna bebida, o derretido en la banqueta en un día soleado de esos que a veces tanto he odiado en mi vida, dejando una mancha de grasa de cerdo, sangre y semen; como cuando desfilaron las meseras de Hooters en patines, con sus largas piernas y sus fabulosos pechos.
Nunca calenté un biberón a las 3 de la mañana.
Soñé con mundos de triunfos, violencia y lujuria, para luego despertar a mi mundo de deseos insatisfechos y lujos incumplidos.
Mañana cumplo 50…
Y ya el tiempo me alcanzó y a mi manera fui lo que quise: nunca trabajé en un banco, no tengo coche, ni casa, ni esposa, ni hijos. Aguanté dos jefas algún tiempo, pero no mucho y le debo miles de pesos a los bancos, y no les he pagado.
También he recorrido todo el camino del mundo editorial, de mozo a editor, pero en sentido inverso, ja, ja, ja.
Hoy amanecí y me di cuenta que mañana cumpliré 50 años. Soy un viejo que dejó atrás la juventud para desbarrancarse al tobogán de la vejez y las malditas enfermedades. Mientras no dejaré de brindar por ellas con Cerveza y Coca Cola y espero que no me alcancen muy rápido
Un vejete al que entra la prisa por escribir, aunque nadie corrija mis textos.
A veces, me ataca el deseo de hacer lo que no hice en 25 años, de poder seguir amando a alguien mientras pueda. Con la amargura por no haberme disuelto en alguna bebida, o derretido en la banqueta en un día soleado de esos que a veces tanto he odiado en mi vida, dejando una mancha de grasa de cerdo, sangre y semen; como cuando desfilaron las meseras de Hooters en patines, con sus largas piernas y sus fabulosos pechos.
Nunca calenté un biberón a las 3 de la mañana.
Soñé con mundos de triunfos, violencia y lujuria, para luego despertar a mi mundo de deseos insatisfechos y lujos incumplidos.
Mañana cumplo 50…
jueves, 21 de enero de 2010
Reporte anual
Ya se cumplió un año de que se fue Lety.
Todo fue precipitado, inesperado, horripilante, puesto que se fue de un día para otro, por cuestiones ajenas a nosotros, ella decidió que su lugar estaba cuidando a su mamá, que perdiendo el tiempo conmigo.
Al principio pensé que me caería bien un poco de soledad, aunque no para la paparrucha esa de "encontrarme a mí mismo" puesto que nunca he sabido en dónde estoy.Pero sí para invitar amigos, beber, fumar,desvelarme, llegar a la hora que quisiera, ver y escuchar lo que se me diera la gana, no limpiar... Todo aquello que desespera a las parejas.
Así fue, los primeros cuatro meses me la pasé con mis Compas, bebiendo chela los fines de semana, hasta la madrugada, riendo a carcajadas, escuchando a Don Cheto, pensando en cómo sería mi próxima novia, hasta llegué a creerlo.
Pero los meses pasaron y todo se fue cubriendo de la neblina de la soledad. Ya me regañó el casero por hacer escándalo, no fumo. Y estoy sentado aquí, viendo como la sombra negrísima del olvido vuela en círculos y la chela se amarga con el recuerdo de aquellas mañanas, tardes y noches en que la lobita alegraba esta casa. Y no se diga las noches delirantes en que recuerdo cuando hacíamos el amor y su bello cuerpo me hacía sentir que nada me faltaba.
Los Compas están en otra etapa de su vida y ya no vienen.
Es cierto que pensé emular a San Antonio y su vida de privación y ascetismo, pero no tan rápido.
Todo fue precipitado, inesperado, horripilante, puesto que se fue de un día para otro, por cuestiones ajenas a nosotros, ella decidió que su lugar estaba cuidando a su mamá, que perdiendo el tiempo conmigo.
Al principio pensé que me caería bien un poco de soledad, aunque no para la paparrucha esa de "encontrarme a mí mismo" puesto que nunca he sabido en dónde estoy.Pero sí para invitar amigos, beber, fumar,desvelarme, llegar a la hora que quisiera, ver y escuchar lo que se me diera la gana, no limpiar... Todo aquello que desespera a las parejas.
Así fue, los primeros cuatro meses me la pasé con mis Compas, bebiendo chela los fines de semana, hasta la madrugada, riendo a carcajadas, escuchando a Don Cheto, pensando en cómo sería mi próxima novia, hasta llegué a creerlo.
Pero los meses pasaron y todo se fue cubriendo de la neblina de la soledad. Ya me regañó el casero por hacer escándalo, no fumo. Y estoy sentado aquí, viendo como la sombra negrísima del olvido vuela en círculos y la chela se amarga con el recuerdo de aquellas mañanas, tardes y noches en que la lobita alegraba esta casa. Y no se diga las noches delirantes en que recuerdo cuando hacíamos el amor y su bello cuerpo me hacía sentir que nada me faltaba.
Los Compas están en otra etapa de su vida y ya no vienen.
Es cierto que pensé emular a San Antonio y su vida de privación y ascetismo, pero no tan rápido.
martes, 5 de enero de 2010
¿Oh, Dios, qué me pasa?
Según pasan los años me parecen cada vez más detestables las multitudes. El pasado fin de semana visite dos tianguis, el de la San Rafael y uno cercano a mi casa y el resultado fue igual. Desesperación, asco, preguntas sin respuesta. Gente, gente, gente, por todos lados, apestosos, perfumados, snobs, en cierto momento me sentí como esos protagonistas de película que de pronto enloquecen y caen de rodillas en medio de la multitud, mientras gritan, lloran y moquean y nadie les hace caso, además.
Pienso que la Tierra estaba bien sin los humanos, debe haber sido una delicia haber visto el planeta en el Jurásico tardío o en la edad del hielo, sin nosotros.
Pienso que la Tierra estaba bien sin los humanos, debe haber sido una delicia haber visto el planeta en el Jurásico tardío o en la edad del hielo, sin nosotros.
martes, 24 de noviembre de 2009
Ya fui a un Table Dance
¿Cómo fue? Pues resulta que se presentó la novela de ciencia ficción “El Manuscrito Florentino” escrita a cuatro manos entre mi talentosa amiga y colega, la maestra Blanca Mart y yo. Ni la busquen, se editó en el sello de Blanca, “Ediciones El Taller” y fue más un hecho de orgullo y constancia, que comercial, se imprimieron 200, que pronto fueron a parar a las manos de amigos y especialistas.
Al finalizar el cóctel, algunos de los invitados, contagiados por la presentación, el entusiasmo de Blanca y la admiración a nuestra novela, me invitaron a La Castellana, una cantina muy elegante, en la que degustamos cerveza, buenos tragos y sabrosos manjares. Mientras las horas corrían, los familiares, y los amigos que tenía que levantarse muy temprano para ir a trabajar se fueron retirando. Y yo me quedé con mis recientes fans, así que las negras modelo, el vodka y el ron hicieron su tarea. En alguna parte de aquella conversación se comentó que yo nunca había ido a un Table Dance, así que uno de aquellos jóvenes, se decidió: “Vamos yo te invito un baile”. Me dio miedo, pero no podía decir que no. Y en plena madrugada nos lanzamos. Dos lugares, uno sórdido y otro “VIP”, pero que en su esencia son lo mismo, simples prostíbulos; table dance es la manera contemporánea de decir lo que antes era congal, cabaret, casa de mala nota… putero.
Pensaba que sería como en peli gringa; las chicas bailando, intocables, y hombres solos tomando en la obscuridad. Para nada, nomás entrando y las chicas lanzándose como jauría: “Vente papi, ¿no te gusto? ¿No me invitas una copa? Vaya que estaba pasado de época, yo imaginaba cincuentonas de cuerpos flácidos, con maquillajes grotescos, con ojos inyectados de mota y alcohol, y me encontré chicas muy jóvenes, y muy bellas, verdaderos sueños, vestidas de colegialas, de diablas, con minivestidos, topless o en bra y panty, mirándote con deseo, nomás de acordarme trago gordo, luchando por sentarse en tus piernas y agarrarte a besos, mientras te ponen las manos en sus piernas, en su pecho, prometiéndote los más supremos placeres que el sexo puede ofrecer.
Claro que todo mediante una cuota que va de los 300 a los 4,000 pesos, según chica, lugar y placer escogido.
Para entonces mi mecenas se había convertido en un ebrio lujurioso, que acariciaba a cuatro chicas a todo lo que le daban las manos y había olvidado aquella promesa en beneficio de su placer personal.
Así que ahí me tienen, soportando el suplicio del asedio de rubias y morenas, chiquitas y grandotas, que en cuanto sabían de mi condición de mirón, cambiaban de reinas de lujuria a trabajadoras cansadas que sólo querían un trago de agua y un cigarro, puesto que “no había clientes pa´trabajar” como dice Pedro Navaja. Y así pasé la noche, conversando con algunas de ellas, tomando algunas cervezas, no tenía para más, y maravillándome y aterrorizándome de aquel mundo. Salí con los primeros rayos de sol, cuando ya había micros para ir al metro, desvelado, medio crudo, desempleado y con una sensación amarga.
Fue buena experiencia, pero no pienso volver: porque se necesita mucho dinero para pasársela bien, porque me da miedo que me peguen algo, quizá no SIDA, pero hay cientos de enfermedades más y ¡sabe Dios con qué clase de enfermos se acuesten las chicas! Y por mi romántica idea de que el amor y el sexo van juntos y no me entra aquello de “Si quieres, esto, aquello y aquellito, la tarifa es de 500 por hora, más tragos y hotel”.
También porque me entristeció ver mujeres tan bellas, tan guapas, tan jóvenes, de cuerpos tan extraordinarios, dedicadas en cuerpo y alma a la prostitución.
Me enfureció la doble moral, la hipocresía máxima de la sociedad, que por una lado tiene una televisión con mujeres rosas e irreales, con un pop con estrellas pendejísimas, y por otro fomenta y protege congales y lenones que ganan cientos de millones a costa de la vida, el cuerpo y la sangre de las chicas que ahí se ganan la vida.
No juzgo a parroquianos ni a las sexoservidoras, puesto que todos llevan en el corazón el secreto de porque les gusta estar ahí, ni soy gobierno para por un lado hablar de derechos para las mujeres y por otro besarles las patas a los jerarcas católicos y dictar leyes medievales contra el aborto.
Así es la vida, mientras unos sueñan en juntar sus pesos para irse a gozar de las luces, del perfume, de los cuerpos de las chicas. Yo quisiera juntar para comprarme los carritos y los aviones que hace muuucho tiempo no compro, porque las mujeres hace tiempo que decidieron ya no entrar a mi vida, pero eso es otro tema.
Al finalizar el cóctel, algunos de los invitados, contagiados por la presentación, el entusiasmo de Blanca y la admiración a nuestra novela, me invitaron a La Castellana, una cantina muy elegante, en la que degustamos cerveza, buenos tragos y sabrosos manjares. Mientras las horas corrían, los familiares, y los amigos que tenía que levantarse muy temprano para ir a trabajar se fueron retirando. Y yo me quedé con mis recientes fans, así que las negras modelo, el vodka y el ron hicieron su tarea. En alguna parte de aquella conversación se comentó que yo nunca había ido a un Table Dance, así que uno de aquellos jóvenes, se decidió: “Vamos yo te invito un baile”. Me dio miedo, pero no podía decir que no. Y en plena madrugada nos lanzamos. Dos lugares, uno sórdido y otro “VIP”, pero que en su esencia son lo mismo, simples prostíbulos; table dance es la manera contemporánea de decir lo que antes era congal, cabaret, casa de mala nota… putero.
Pensaba que sería como en peli gringa; las chicas bailando, intocables, y hombres solos tomando en la obscuridad. Para nada, nomás entrando y las chicas lanzándose como jauría: “Vente papi, ¿no te gusto? ¿No me invitas una copa? Vaya que estaba pasado de época, yo imaginaba cincuentonas de cuerpos flácidos, con maquillajes grotescos, con ojos inyectados de mota y alcohol, y me encontré chicas muy jóvenes, y muy bellas, verdaderos sueños, vestidas de colegialas, de diablas, con minivestidos, topless o en bra y panty, mirándote con deseo, nomás de acordarme trago gordo, luchando por sentarse en tus piernas y agarrarte a besos, mientras te ponen las manos en sus piernas, en su pecho, prometiéndote los más supremos placeres que el sexo puede ofrecer.
Claro que todo mediante una cuota que va de los 300 a los 4,000 pesos, según chica, lugar y placer escogido.
Para entonces mi mecenas se había convertido en un ebrio lujurioso, que acariciaba a cuatro chicas a todo lo que le daban las manos y había olvidado aquella promesa en beneficio de su placer personal.
Así que ahí me tienen, soportando el suplicio del asedio de rubias y morenas, chiquitas y grandotas, que en cuanto sabían de mi condición de mirón, cambiaban de reinas de lujuria a trabajadoras cansadas que sólo querían un trago de agua y un cigarro, puesto que “no había clientes pa´trabajar” como dice Pedro Navaja. Y así pasé la noche, conversando con algunas de ellas, tomando algunas cervezas, no tenía para más, y maravillándome y aterrorizándome de aquel mundo. Salí con los primeros rayos de sol, cuando ya había micros para ir al metro, desvelado, medio crudo, desempleado y con una sensación amarga.
Fue buena experiencia, pero no pienso volver: porque se necesita mucho dinero para pasársela bien, porque me da miedo que me peguen algo, quizá no SIDA, pero hay cientos de enfermedades más y ¡sabe Dios con qué clase de enfermos se acuesten las chicas! Y por mi romántica idea de que el amor y el sexo van juntos y no me entra aquello de “Si quieres, esto, aquello y aquellito, la tarifa es de 500 por hora, más tragos y hotel”.
También porque me entristeció ver mujeres tan bellas, tan guapas, tan jóvenes, de cuerpos tan extraordinarios, dedicadas en cuerpo y alma a la prostitución.
Me enfureció la doble moral, la hipocresía máxima de la sociedad, que por una lado tiene una televisión con mujeres rosas e irreales, con un pop con estrellas pendejísimas, y por otro fomenta y protege congales y lenones que ganan cientos de millones a costa de la vida, el cuerpo y la sangre de las chicas que ahí se ganan la vida.
No juzgo a parroquianos ni a las sexoservidoras, puesto que todos llevan en el corazón el secreto de porque les gusta estar ahí, ni soy gobierno para por un lado hablar de derechos para las mujeres y por otro besarles las patas a los jerarcas católicos y dictar leyes medievales contra el aborto.
Así es la vida, mientras unos sueñan en juntar sus pesos para irse a gozar de las luces, del perfume, de los cuerpos de las chicas. Yo quisiera juntar para comprarme los carritos y los aviones que hace muuucho tiempo no compro, porque las mujeres hace tiempo que decidieron ya no entrar a mi vida, pero eso es otro tema.
martes, 10 de noviembre de 2009
Ahh de la soledad
Ahh de la tristeza
Está bien, sé que no debí abandonar este foro por tanto tiempo, pero yo, a diferencia de otros autores, no puedo escribir cuando la preocupación y la tristeza me agobian ¡y vaya que se ensañaron conmigo ambas! Entre dejar de pagar la renta y dejar el depto, la manera de guardar todos mis modelos y muñecos, entre la alternativa de regresar a a casa de mis papás o irme a vivir con los compas, entre que no encuentro ninguna mujer...
Entre tanta confusión, la musa huyó a mentes que pudieran ocuparse de la literatura y no de sólo sobrevivir.
Hoy, al menos llegué a un arreglo con el casero, sirvieron los 6 años de pagar siempre puntual, y puedo abonarle cada vez que tenga. Por lo demás sigo el camino de esté país; es decir, la incertidumbre...
Ahh de la tristeza
Está bien, sé que no debí abandonar este foro por tanto tiempo, pero yo, a diferencia de otros autores, no puedo escribir cuando la preocupación y la tristeza me agobian ¡y vaya que se ensañaron conmigo ambas! Entre dejar de pagar la renta y dejar el depto, la manera de guardar todos mis modelos y muñecos, entre la alternativa de regresar a a casa de mis papás o irme a vivir con los compas, entre que no encuentro ninguna mujer...
Entre tanta confusión, la musa huyó a mentes que pudieran ocuparse de la literatura y no de sólo sobrevivir.
Hoy, al menos llegué a un arreglo con el casero, sirvieron los 6 años de pagar siempre puntual, y puedo abonarle cada vez que tenga. Por lo demás sigo el camino de esté país; es decir, la incertidumbre...
miércoles, 22 de julio de 2009
Como San Antonio
Si no han leido "La tentación de San Antonio" de Flaubert, se han perdido se una las obras más geniales de la literatura mundial. El texto, que a la primer lectura pudiera parecer un alucine, es, una vez pasado por el tamiz de la experiencia y el saber, ¡una maravilla! Flaubert se tardó como 30 años en escribirla.
El caso que siento como San Antonio, sólo y pobre. Ahora hasta esos sueños en los que se mezclan la concupsicencia y el mundo onírico me asaltan, sueño con mujeres, con muchas, con sus cuerpos, aunque nunca puedo tener relaciones con ellas, ni en sueños.
No cabe duda que la crisis nos puede llevar hasta estos estados alterados. Como no me alcanza ni pa la caguama, me conformo con los arrebatos del hambriento místico, que en sus alucines, yo sí, puedo advertir la santidad y el vacío. Ahora comprendo a Orígenes a Agustín, a Benito, a Valentín, a Dulcino, a los valdenses, a los cátaros. a los adamitas.
Agnus Dei qui tollis peccata Mundi, Miserere Nobis.
El caso que siento como San Antonio, sólo y pobre. Ahora hasta esos sueños en los que se mezclan la concupsicencia y el mundo onírico me asaltan, sueño con mujeres, con muchas, con sus cuerpos, aunque nunca puedo tener relaciones con ellas, ni en sueños.
No cabe duda que la crisis nos puede llevar hasta estos estados alterados. Como no me alcanza ni pa la caguama, me conformo con los arrebatos del hambriento místico, que en sus alucines, yo sí, puedo advertir la santidad y el vacío. Ahora comprendo a Orígenes a Agustín, a Benito, a Valentín, a Dulcino, a los valdenses, a los cátaros. a los adamitas.
Agnus Dei qui tollis peccata Mundi, Miserere Nobis.
viernes, 17 de julio de 2009
Para leer el siguiente texto
Antes de leer el siguiente texto deben conseguir la rola "Innocence" del disco Personal Mountains, con Keith Jarret y Jan Garbarek. Después, con la debida entonación, leerla con pasión y una pizca de desilusión, a quien ustedes escojan.
El poema se titula:
“Te juro que tú me gustas muchísimo más”
(Dedicado a Anita y Torres, Lucero Fernández y Gaby Boo)
Lo malo es que no puedo probarlo,
no me creerías aunque me sacara la carne,
aunque jurara por Dios,
aunque renunciara a Satanás.
¿Si te dijera que deseo perderme en tus ojos,
en tus pechos?
¿Me creerías?
Pensarías que es mi último recurso,
mi última tabla.
No tendrías ganas de naufragar conmigo.
Con una sonrisa me dirías: “No”.
Después voltearíamos a diferentes direcciones...
Tú esperando algo mejor,
yo sólo esperando...
El poema se titula:
“Te juro que tú me gustas muchísimo más”
(Dedicado a Anita y Torres, Lucero Fernández y Gaby Boo)
Lo malo es que no puedo probarlo,
no me creerías aunque me sacara la carne,
aunque jurara por Dios,
aunque renunciara a Satanás.
¿Si te dijera que deseo perderme en tus ojos,
en tus pechos?
¿Me creerías?
Pensarías que es mi último recurso,
mi última tabla.
No tendrías ganas de naufragar conmigo.
Con una sonrisa me dirías: “No”.
Después voltearíamos a diferentes direcciones...
Tú esperando algo mejor,
yo sólo esperando...
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